Hola a todos:
¡A COMERRRRRRR! Grito mi madre por la ventana de la cocina. Todos dejaron lo que estaban haciendo y se dirigieron raudos.
El abuelo con las nietas, que seguían jugando, ahora a la gallinita ciega. ¡Quien me iba a decir a mi que jugaría a eso con sus nietas! Las Evas, dejaron las hoces en el campo que estaban cosechando. Y Elisa después de haber acompañado a Jano, ayudaba a mi madre en la cocina. Jano, dejo por un momento la emisora.
Eran, según el reloj de la cocina 15:37
Ya estaban sentados en la cocina y se disponían a dar cuenta de lo poco que había en la mesa. Había algo de pan. Sopa de cebolla. Pimientos asados, y las últimas porciones de carne que había en la despensa. Y frutos secos almendras, nueces y avellanas. Estos sacados de los árboles de la finca, que gracias a Dios, seguían sacando sus frutos sin problema alguno.
-¡Vaya Banquete! –Exclamo el abuelo al ver todo lo que se ofrecía en la mesa-
-Si, si… banquete esto es lo que hay
-Pero si tiene una pinta fantástica dijo Jano con una cara del que no comía caliente hacia tiempo.
-Espero que estos, refiriéndose a los cuatro que habían bajado a Huesca, puedan traer algo de comida. Si no, si que nos vamos a morir de inanición, comento por lo bajo mi madre.
-Si mujer. Contestó el Abuelo que la había oído. Claro que trairan comida.
Sin más empezaron a buena cuenta de la comida que ante ellos se ofrecía.
Terminaron rápido. No hubo café, pues lo racionaban para los desayunos. Y todos se fueron a hacer la siesta. Todos menos Jano. Que tenía el trabajo de intentar hacer funcionar la emisora.
Volvió al garaje y se dispuso a hacer ensamblar el nuevo circuito en la emisora. Soldador en mano, “cosía y cortaba” como un cirujano en una operación de Bay-pass.
Pasó un tiempo hasta que hubo terminado de encajar las piezas para que comprovaba el invento. No cerro la carcasa, ni le puso los tornillos por si no fuera a funcionar. La seguridad con la que había comentado que podía dar más potencia a la emisora, empezaba a flaquear. Ya que, hacia cinco o seis años que había dejado la carrera. Pero eso no lo podía ni quería decir a nadie. Quería sentirse seguro e insuflar optimismo a esa familia que le había acogido con los brazos abiertos. Se preguntaba también, si otra familia hubiera actuado de la misma manera que esta. Nunca tendría la respuesta.
Conecto la emisora al generador. Cruzo los dedos. Dio a la palanca del ON/OFF y lo puso en posición ON. La pantalla de LCD verde, se encendió. Miro a la izquierda de la pantalla. Vio que la señal estaba en lo máximo. Instintivamente, cerró el puño y apretó los dientes.
La emisora empezó a crepitar. Hacia ruidos extraños. Mezcla de electricidad estática y silencio. Jano, empezó a mover suavemente la rueda. Cambia de sintonía muy poco a poco 1230.000 UHF, 1229.995, así sucesivamente. Cada vez que giraba el dial, aguantaba la respiración inconscientemente.
Cuando llevaba mas de un cuarto de hora enfrascado en la búsqueda de emisoras. Se le cayó en la cuenta de que no tenía antena. Bueno tenía pero era miserable. Tenía una antenita un poco más grande que las de los teléfonos móviles. El cerebro de Jano estaba funcionando a todo lo que daba de sí.
Recordó que la valla que separaba la casa de los campos, rodeada con un seto verde, podría valer. Con un destornillador, a la pequeña antena de la emisora, le desprendió el plástico negro que la recubría. Miro la antena de aluminio reluciente que tenia delante de si y sonrió. Acto seguido, salio del garaje con unos alicates y se encamino hacia la valla.
Cuando estuvo frente a ella se agacho hasta tumbarse sobre el jardín. Despejo de hierbas los bajos para obtener mejor visión. Y corto. Corto alambre de la valla. Corto unos 30 metros. Pero con el cuidado de no dañar ni debilitar la valla que estaba.
Cuando salio con el alambre, estaba sofocado por el calor y el esfuerzo, pues esa valla tenia el alambre recio de unos 0,5 cm. Ahora se encaminaba a buscar algo para encaramarse al tejado. Quería conectar ese alambre a la viga metálica que soportaba la antena de televisión de la casa. Con eso penaba que la capacidad de la recepción de la emisora, se multiplicaría por mil. Si había alguien trasmitiendo en toda España, seguro que con los arreglos que había confeccionado, tendrían que oírlos. Y hasta quien sabe, ponerse en contacto.
No quería molestar a la Familia que estaba durmiendo la siesta. Entro en casa a mirar si alguien estaba despierto. No habia nadie. Todos descansaban. Al salir miró el reloj de la cocina. Faltaban cinco minutos para las cinco y media.
Salio de la casa y se dispuso a mirar por toda la finca una escalera. Se dirigió a una caseta de aperos que había en el extremo superior derecha de la finca. Allí estaba ubicada la bomba de extracción de agua de un pozo del que se abastecían todos los habitantes de la finca.
Abrió la puerta y vio la escalera apoyada en la pared izquierda. La cogió sin miramientos. Pesaba más de lo que parecía. Tuvo que esforzarse para levantarla y llevarla a rastro por todo el jardín.
Cuando llego a la pared de la casa, apoyo la escalera y empezó a sacar los tramos que llevaba en forma de tubos. Los desplegó todos y le faltaba a la escalera unos 60 cm. para llegar al tejado. Eso no le suponía ningún tipo de esfuerzo para Jano. Auparse al tejado no le suponía nada.
Subió por la escalera amarrándose con la mano izquierda, mientras que con la derecha sostenía el alambre. Llego al tejado y finalmente al pequeño pilar que sostenía la antena de la televisión. Al ser el pilar metálico, tuvo que quitar un poco la pintura blanca que lo embellecía, y se dispuso a dar unas vueltas al alambre en el pilar metálico.
Os seguiré informando.
¡A COMERRRRRRR! Grito mi madre por la ventana de la cocina. Todos dejaron lo que estaban haciendo y se dirigieron raudos.
El abuelo con las nietas, que seguían jugando, ahora a la gallinita ciega. ¡Quien me iba a decir a mi que jugaría a eso con sus nietas! Las Evas, dejaron las hoces en el campo que estaban cosechando. Y Elisa después de haber acompañado a Jano, ayudaba a mi madre en la cocina. Jano, dejo por un momento la emisora.
Eran, según el reloj de la cocina 15:37
Ya estaban sentados en la cocina y se disponían a dar cuenta de lo poco que había en la mesa. Había algo de pan. Sopa de cebolla. Pimientos asados, y las últimas porciones de carne que había en la despensa. Y frutos secos almendras, nueces y avellanas. Estos sacados de los árboles de la finca, que gracias a Dios, seguían sacando sus frutos sin problema alguno.
-¡Vaya Banquete! –Exclamo el abuelo al ver todo lo que se ofrecía en la mesa-
-Si, si… banquete esto es lo que hay
-Pero si tiene una pinta fantástica dijo Jano con una cara del que no comía caliente hacia tiempo.
-Espero que estos, refiriéndose a los cuatro que habían bajado a Huesca, puedan traer algo de comida. Si no, si que nos vamos a morir de inanición, comento por lo bajo mi madre.
-Si mujer. Contestó el Abuelo que la había oído. Claro que trairan comida.
Sin más empezaron a buena cuenta de la comida que ante ellos se ofrecía.
Terminaron rápido. No hubo café, pues lo racionaban para los desayunos. Y todos se fueron a hacer la siesta. Todos menos Jano. Que tenía el trabajo de intentar hacer funcionar la emisora.
Volvió al garaje y se dispuso a hacer ensamblar el nuevo circuito en la emisora. Soldador en mano, “cosía y cortaba” como un cirujano en una operación de Bay-pass.
Pasó un tiempo hasta que hubo terminado de encajar las piezas para que comprovaba el invento. No cerro la carcasa, ni le puso los tornillos por si no fuera a funcionar. La seguridad con la que había comentado que podía dar más potencia a la emisora, empezaba a flaquear. Ya que, hacia cinco o seis años que había dejado la carrera. Pero eso no lo podía ni quería decir a nadie. Quería sentirse seguro e insuflar optimismo a esa familia que le había acogido con los brazos abiertos. Se preguntaba también, si otra familia hubiera actuado de la misma manera que esta. Nunca tendría la respuesta.
Conecto la emisora al generador. Cruzo los dedos. Dio a la palanca del ON/OFF y lo puso en posición ON. La pantalla de LCD verde, se encendió. Miro a la izquierda de la pantalla. Vio que la señal estaba en lo máximo. Instintivamente, cerró el puño y apretó los dientes.
La emisora empezó a crepitar. Hacia ruidos extraños. Mezcla de electricidad estática y silencio. Jano, empezó a mover suavemente la rueda. Cambia de sintonía muy poco a poco 1230.000 UHF, 1229.995, así sucesivamente. Cada vez que giraba el dial, aguantaba la respiración inconscientemente.
Cuando llevaba mas de un cuarto de hora enfrascado en la búsqueda de emisoras. Se le cayó en la cuenta de que no tenía antena. Bueno tenía pero era miserable. Tenía una antenita un poco más grande que las de los teléfonos móviles. El cerebro de Jano estaba funcionando a todo lo que daba de sí.
Recordó que la valla que separaba la casa de los campos, rodeada con un seto verde, podría valer. Con un destornillador, a la pequeña antena de la emisora, le desprendió el plástico negro que la recubría. Miro la antena de aluminio reluciente que tenia delante de si y sonrió. Acto seguido, salio del garaje con unos alicates y se encamino hacia la valla.
Cuando estuvo frente a ella se agacho hasta tumbarse sobre el jardín. Despejo de hierbas los bajos para obtener mejor visión. Y corto. Corto alambre de la valla. Corto unos 30 metros. Pero con el cuidado de no dañar ni debilitar la valla que estaba.
Cuando salio con el alambre, estaba sofocado por el calor y el esfuerzo, pues esa valla tenia el alambre recio de unos 0,5 cm. Ahora se encaminaba a buscar algo para encaramarse al tejado. Quería conectar ese alambre a la viga metálica que soportaba la antena de televisión de la casa. Con eso penaba que la capacidad de la recepción de la emisora, se multiplicaría por mil. Si había alguien trasmitiendo en toda España, seguro que con los arreglos que había confeccionado, tendrían que oírlos. Y hasta quien sabe, ponerse en contacto.
No quería molestar a la Familia que estaba durmiendo la siesta. Entro en casa a mirar si alguien estaba despierto. No habia nadie. Todos descansaban. Al salir miró el reloj de la cocina. Faltaban cinco minutos para las cinco y media.
Salio de la casa y se dispuso a mirar por toda la finca una escalera. Se dirigió a una caseta de aperos que había en el extremo superior derecha de la finca. Allí estaba ubicada la bomba de extracción de agua de un pozo del que se abastecían todos los habitantes de la finca.
Abrió la puerta y vio la escalera apoyada en la pared izquierda. La cogió sin miramientos. Pesaba más de lo que parecía. Tuvo que esforzarse para levantarla y llevarla a rastro por todo el jardín.
Cuando llego a la pared de la casa, apoyo la escalera y empezó a sacar los tramos que llevaba en forma de tubos. Los desplegó todos y le faltaba a la escalera unos 60 cm. para llegar al tejado. Eso no le suponía ningún tipo de esfuerzo para Jano. Auparse al tejado no le suponía nada.
Subió por la escalera amarrándose con la mano izquierda, mientras que con la derecha sostenía el alambre. Llego al tejado y finalmente al pequeño pilar que sostenía la antena de la televisión. Al ser el pilar metálico, tuvo que quitar un poco la pintura blanca que lo embellecía, y se dispuso a dar unas vueltas al alambre en el pilar metálico.
Os seguiré informando.

