Hola a todos:
Circulábamos todo lo deprisa que podíamos. Yo miraba continuamente la temperatura del coche, que poco a poco cada vez subía más. El agujero en el radiador, hacia que se perdiese el agua y que el coche rugiera más de lo de costumbre.
Habíamos dejado atrás el Museo Provincial, y el Seminario. Bajábamos por la Calle General Alsina. Tendríamos que girar nuevamente a la izquierda hasta incorporarnos a la calle Desengaño, para Terminar enfrente del Convento de Las Miguelas.
Cuando llegamos, a la derecha de nosotros se encontraba el camión que haría cosa de una hora nos había cortado el paso.
Seguía tumbado. Seguía sin verse a nadie. Bueno, eso no es cierto del todo. Pero eran grupos muy pequeños de tres a cinco personas. Y estaban bastante lejos como para preocuparnos.
Cuando llegamos a intersección donde estaba el camión el humo del radiador nos tapaba todo. Mire la temperatura. Ya estaba en lo rojo. Tendríamos que volver a parar para rellenar el radiador.
- Tengo que parar. El coche necesita agua.
- Para un poco más adelante. Allí hay un estanque con una fuente y podremos coger agua –dijo Diego-
- De acuerdo.
Seguimos esos ochocientos, o novecientos metros a una velocidad endiablada. Pensaba que si circulábamos lo más deprisa posible, no se calentaría tanto el vehículo.
A los pocos minutos llegamos al estanque. El Montero rezumaba humo por toda la parte delantera. Se volvió a repetir la operación. Fernando bajo con la Beretta para abrir el capó del coche. Diego, el Eraser, volvió a saltar de la parte trasera del vehículo, esta vez seguido de Carlos, que dejo la motosierra para portar el rifle.
- Daos prisa, les dije.
- VAMOS, VAMOS –gritaba el Eraser-
A lo lejos, unos 400 metros se veían una gran multitud de No Muertos que pululaban sinsabor bien a donde ir. Hasta que oyeron el quejido del Montero y los Gritos del Eraser.
- Vamos, Vamos ¡Joder! No tenemos todo el día. Se están acercando engendros.
- Por donde. –Preguntaron casi al unísono-
- Por delante nuestro. A unos 400 metros. Y con la escandalera que estamos montando, no me extrañaría que viniesen más. Así que daos prisa ¡JODER!
Aun no había terminado de decir esas palabras, cuando Fernando ya había abierto el Radiador. Esta vez sin salpicaduras, lo cual indicaba. Que perdíamos mucho agua. Nos había durado exactamente 4 minutos.
El Eraser, ya la estaba echando dentro del radiador. Carlos les cubría las espaldas. Visto así, desde el puesto del conductor, recordaban a mecánicos de la F1. Lo hacían todo a la vez, pero sin molestarse los unos a los otros.
- Diego, coje agua no llegáramos con esto a Huerrios. Necesitaremos parar una vez más y no recuerdo que haya ningún sitio para cojerla.
- Ok.
Dicho esto. Diego volvió sobre sus pasos. Y volvió a llenar el receptáculo para llevar el agua. Mientras Fernando ya se había sentado a mi lado. Sobre el reposaba la Beretta.
Carlos esperaba con el Portón abierto y con el rifle preparado. Mirando hacia donde habíamos venido por si las moscas.
Por último el Eraser subió con el Agua.
Oí el ruido del portón y la voz de Carlos.
- Arranca, vamos, vamos, vamos.
- Voy. Vamos a ir por la Avenida de la Paz, donde esta la Biblioteca. Es una calle muy ancha y podemos dar caña al coche. Además, es el camino mas corto para ir a Huerrios.
- ¿y esos de delante?- pregunto Fernando-
No había abierto ni la boca para contestar, cuando los motores de las Motosierras volvían a hacer que el habitáculo del Montero fuera ensordecedor.
Sacaron sus maquinas infernales por las ranuras mientras aceleraban a la máxima potencia sus maquinas.
- Intenta no llevarte a ninguno por delante. Un golpe fuerte más y el radiador se rajaría por completo. Si tienes que llevarte a alguno inténtalo hacer por los costado que aquí atrás ya estamos preparados.
- De acuerdo. Vamos hacia allá.
Mire de soslayo el Reloj. Marcaba las 18:30 Habíamos perdido mucho tiempo. Llevábamos un retraso de tres Horas respecto a lo calculado. Solo esperaba no tener más contratiempos. Con los que habíamos tenido era suficiente.
Acelere. Rugió el Montero, como un animal Herido. Poco a poco íbamos cogiendo velocidad. Los No Muertos iban en contra de nuestra dirección. Poco a poco se iba estrechando el cerco que nos querían hacer. Seguía acelerando. El velocímetro, marcaba 90 Km. /h. No tendría que atropellar a ningún No Muerto de frente o los daños serian irreparables.
Me había acercado a la derecha todo lo que podía. Aun rozando coche aparcados. Los No Muertos hicieron lo mismo. Cuando estaba a unos 50 metros gire a la izquierda. Haciendo un arco, hasta situarme en la izquierda. Los No Muertos se quedaban a la Derecha. Por poco. Uno salto e intento asirse al Montero. Encontró esa motosierra que lo cerceno. Cayó al suelo como un saco.
Seguía acelerando. 120 Km. /h. Dejamos atrás la biblioteca, la comisaría, las casas de ciudad jardín. Se veía ya la Carretera de Huerrios. Estábamos a unos doscientos metros de la carretera y con ello la salvación de volver a estar en casa protegidos.
La temperatura subía, subía y subía. Yo aceleraba, aceleraba y aceleraba. Quería llegar al límite de la ciudad para volver a llenar agua el radiador.
Llegamos a la carretera. Todo estaba en calma. Pare el coche y volvimos a repetir por tercera vez la operación de llenar de agua el radiador.
Os Seguiré informando.
Circulábamos todo lo deprisa que podíamos. Yo miraba continuamente la temperatura del coche, que poco a poco cada vez subía más. El agujero en el radiador, hacia que se perdiese el agua y que el coche rugiera más de lo de costumbre.
Habíamos dejado atrás el Museo Provincial, y el Seminario. Bajábamos por la Calle General Alsina. Tendríamos que girar nuevamente a la izquierda hasta incorporarnos a la calle Desengaño, para Terminar enfrente del Convento de Las Miguelas.
Cuando llegamos, a la derecha de nosotros se encontraba el camión que haría cosa de una hora nos había cortado el paso.
Seguía tumbado. Seguía sin verse a nadie. Bueno, eso no es cierto del todo. Pero eran grupos muy pequeños de tres a cinco personas. Y estaban bastante lejos como para preocuparnos.
Cuando llegamos a intersección donde estaba el camión el humo del radiador nos tapaba todo. Mire la temperatura. Ya estaba en lo rojo. Tendríamos que volver a parar para rellenar el radiador.
- Tengo que parar. El coche necesita agua.
- Para un poco más adelante. Allí hay un estanque con una fuente y podremos coger agua –dijo Diego-
- De acuerdo.
Seguimos esos ochocientos, o novecientos metros a una velocidad endiablada. Pensaba que si circulábamos lo más deprisa posible, no se calentaría tanto el vehículo.
A los pocos minutos llegamos al estanque. El Montero rezumaba humo por toda la parte delantera. Se volvió a repetir la operación. Fernando bajo con la Beretta para abrir el capó del coche. Diego, el Eraser, volvió a saltar de la parte trasera del vehículo, esta vez seguido de Carlos, que dejo la motosierra para portar el rifle.
- Daos prisa, les dije.
- VAMOS, VAMOS –gritaba el Eraser-
A lo lejos, unos 400 metros se veían una gran multitud de No Muertos que pululaban sinsabor bien a donde ir. Hasta que oyeron el quejido del Montero y los Gritos del Eraser.
- Vamos, Vamos ¡Joder! No tenemos todo el día. Se están acercando engendros.
- Por donde. –Preguntaron casi al unísono-
- Por delante nuestro. A unos 400 metros. Y con la escandalera que estamos montando, no me extrañaría que viniesen más. Así que daos prisa ¡JODER!
Aun no había terminado de decir esas palabras, cuando Fernando ya había abierto el Radiador. Esta vez sin salpicaduras, lo cual indicaba. Que perdíamos mucho agua. Nos había durado exactamente 4 minutos.
El Eraser, ya la estaba echando dentro del radiador. Carlos les cubría las espaldas. Visto así, desde el puesto del conductor, recordaban a mecánicos de la F1. Lo hacían todo a la vez, pero sin molestarse los unos a los otros.
- Diego, coje agua no llegáramos con esto a Huerrios. Necesitaremos parar una vez más y no recuerdo que haya ningún sitio para cojerla.
- Ok.
Dicho esto. Diego volvió sobre sus pasos. Y volvió a llenar el receptáculo para llevar el agua. Mientras Fernando ya se había sentado a mi lado. Sobre el reposaba la Beretta.
Carlos esperaba con el Portón abierto y con el rifle preparado. Mirando hacia donde habíamos venido por si las moscas.
Por último el Eraser subió con el Agua.
Oí el ruido del portón y la voz de Carlos.
- Arranca, vamos, vamos, vamos.
- Voy. Vamos a ir por la Avenida de la Paz, donde esta la Biblioteca. Es una calle muy ancha y podemos dar caña al coche. Además, es el camino mas corto para ir a Huerrios.
- ¿y esos de delante?- pregunto Fernando-
No había abierto ni la boca para contestar, cuando los motores de las Motosierras volvían a hacer que el habitáculo del Montero fuera ensordecedor.
Sacaron sus maquinas infernales por las ranuras mientras aceleraban a la máxima potencia sus maquinas.
- Intenta no llevarte a ninguno por delante. Un golpe fuerte más y el radiador se rajaría por completo. Si tienes que llevarte a alguno inténtalo hacer por los costado que aquí atrás ya estamos preparados.
- De acuerdo. Vamos hacia allá.
Mire de soslayo el Reloj. Marcaba las 18:30 Habíamos perdido mucho tiempo. Llevábamos un retraso de tres Horas respecto a lo calculado. Solo esperaba no tener más contratiempos. Con los que habíamos tenido era suficiente.
Acelere. Rugió el Montero, como un animal Herido. Poco a poco íbamos cogiendo velocidad. Los No Muertos iban en contra de nuestra dirección. Poco a poco se iba estrechando el cerco que nos querían hacer. Seguía acelerando. El velocímetro, marcaba 90 Km. /h. No tendría que atropellar a ningún No Muerto de frente o los daños serian irreparables.
Me había acercado a la derecha todo lo que podía. Aun rozando coche aparcados. Los No Muertos hicieron lo mismo. Cuando estaba a unos 50 metros gire a la izquierda. Haciendo un arco, hasta situarme en la izquierda. Los No Muertos se quedaban a la Derecha. Por poco. Uno salto e intento asirse al Montero. Encontró esa motosierra que lo cerceno. Cayó al suelo como un saco.
Seguía acelerando. 120 Km. /h. Dejamos atrás la biblioteca, la comisaría, las casas de ciudad jardín. Se veía ya la Carretera de Huerrios. Estábamos a unos doscientos metros de la carretera y con ello la salvación de volver a estar en casa protegidos.
La temperatura subía, subía y subía. Yo aceleraba, aceleraba y aceleraba. Quería llegar al límite de la ciudad para volver a llenar agua el radiador.
Llegamos a la carretera. Todo estaba en calma. Pare el coche y volvimos a repetir por tercera vez la operación de llenar de agua el radiador.
Os Seguiré informando.


Comments
Te llevo leyendo bastante tiempo en el blog de MC, y hace poco he comenzado a seguirte aquí (puesto que vi que era más fácil seguirte el ritmo aquí). Mi enhorabuena por tu trabajo (y más ahora que llevas 2 personajes).
Pero es que en esta entrada me has dejado muerto... ¿cómo coño lo has hecho para escribir hasta el viernes 8, si estamos a miercoles 6? Me has dejado alucinadito.
Salu2,
canelaman