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Sep. 14th, 2007

  • 12:21 PM
xavare
 

La cara de Latorre era un poema ¿lo habían despertado para semejante causa? ¿Le habían hecho salir de su confortable casa para llegar y ver que era un asunto sin importancia? ¿Qué pensaría un arquitecto al que le llaman a altas horas para hacer el trazado de una acequia? El rostro de Latorre expresaba eso y más. Sus ojos ya no relampagueaban intentando descubrir no sé que detalle imperceptible.

Cuando pasamos al comedor, esa mirada, volvió a ser escudriñadora. El comedor era una amplísima habitación que magnificaba el poder de sus propietarios. El techo era de madera noble con unas vigas macizas grabadas con figuras en guerra. Todos los laterales estaban forrados de la misma madera, dando una luz especial. Había una gran librería rellena de libros, de lo más variopinto. Algunos parecían nuevos y otros, en cambio parecían incunables. En la pared paralela a esta había diversos trofeos de caza con sus cornamentas de ciervo tanto en hueso como con pelo, y encima de la chimenea había tres escopetas antiguas.  La chimenea era profunda,  grande, majestuosa, rematada en el final por una gran viga de madera.

La puerta daba justo enfrente de la ventana puerta que la Sra. Nos comento en su relato. A su lado otras tres ventanas para que entrase la luz de la mañana y tarde, ya que según me susurro Latorre, la casa estaba orientada al Sur para aprovechar todas las horas de luz.

A un lado de la chimenea se disponían dos coquetos sillones de madera noble con los asientos de travesaños. En uno de ellos aun estaba el cordón con que los asaltantes ataron a la Sra. Llamazares, habían cortado el cordón pero los nudos estaban intactos. Estos detalles a mi se me pasaban por alto, pero siguiendo la vista de Latorre, veía que algo empezaba a gustarle. ¡Algo no encajaba! Pero no puedo hacer nada ya que aun estaba presente el frío cuerpo del Conde.

El conde era u hombre alto, yo diría que cerca del metro ochenta. Bien formado y con un hundimiento de cráneo mortal por necesidad. Estaba con la espalda apoyada en el suelo, los ojos abiertos y los brazos a la altura de las orejas con el bastón de madera entre ellos. La habitación estaba impregnada con multitud de gotas de sangre y masa encefálica debido al tremendo golpe propinado. Cerca, a unos cincuenta centímetros se hallaba el hurgón con restos de sangre, pelo y masa encefálica. Latorre se agacho ágil como un gato y se lo puso a observar detenidamente el hurgón.

-         El viejo salteador debe ser un hombre de una fuerza hercúlea- Comento Latorre-

-         Si según tengo entendido es de Armas tomar-contesto Camarero_

-         Tiene que ser muy fácil para usted apresarlo.

-         Pues ahora que lo dice, sí. Desde hace cerca de un año la cuadrilla ha estado asaltando cortijos o mansiones como esta y se ha llevado una gran cantidad de objetos nobles. Se supone que querrán ir a América para empezar una nueva vida sin sobresaltos de la justicia. Supongo que querrán salir de Valencia, Barcelona, Málaga o Sevilla, ya que la frontera con Portugal la tenemos bien cerrada en caso que quieran ir al país vecino. Lo que no comprendo, siendo que la Sra. Los delataría, como demonios, han cometido este salvaje crimen.

-         ¡Exactamente! –exclamo mi amigo mientras reía por lo bajini- lo más normal es que hubiesen asesinado también  a la señora de la casa.

-         Quizás no se dijeron cuenta de que volvió en si…- dije yo-

-         Muy bien dicho corvinos. Pero Camarero ¿Qué me dice  del muerto? Tengo oído que era un poco, por así decirlo, rarito

-         Pues como le ha dicho la Condesa, el Conde era un personaje totalmente abyecto cuando bebía. Sin embargo, cuando no, era un hombre cabal y de buen corazón, pero con unas copas, no hacia falta que estuviese borracho perdido, era el autentico hijo de Satanás. Según me informado este asunto ya le había dado varios problemas, que no llega a ser por su incontable fortuna, estaría en manos de los Jueces, ya que siempre pudo pagar una buena a las dos personas que, estando borracho ataco casi hasta matarlos.

Pero ¿Qué esta haciendo Sr. Latorre?

Mi amigo estaba casi tumbado en el suelo y examinaba con gran atención el cordón de la silla donde la Sra. Llamazares estuvo amordazada. Siguió agachado siguiendo el cordel minuciosamente, hasta el extremo donde el cordón quedo roto y deshilachado cuando el ladrón lo arranco de la campanilla.

-         Cuando el asaltante tiro tan fuerte del cordón de la campanilla para atar a la señora, debió hacer un estrépito importante.

-         Recuerde Latorre que la Cocina esta en el medio, a la parte trasera, y el servicio ya estaba descansando en sus respectivas habitaciones.

-         ¡Exactamente! Corvinos, ahí es donde quiero llegar. ¿Cómo sabia el asaltante que nadie le podía escuchar? ¿usted se hubiese arriesgado de esa manera sin saber si le podían oír? Yo creo que no.

-         Eso es lo que me ronda a mí por la cabeza, contesto Camarero, no me cabe la menor duda que el asaltante tenía que conocer la casa y sus horarios. Tendría que saber que el servicio vive en el ala más alejada y que se suelen ir a dormir relativamente temprano y era imposible oír el tintineo de la campanilla de la cocina.

-         ¿Ha entrevistado Ud. a los criados?

-         Si, y son nada más que ¡ocho! Pero todos con unos informes muy fiables de sus anteriores amos. Además ninguno de ellos escucho nada.

Latorre observaba con detenimiento toda la habitación. A veces parecía, si no lo conocías su forma de trabajar, que miraba sin ver. Se acerco a la ventana por donde entraron.

-         aquí no se ven huellas. Lastima de este invierno tan dura. El suelo esta como un pedernal. Poco podremos sacar de aquí. Hola ¿Qué veo? esas velas que están en la repisa de la chimenea has sido encendidas

-         Si. Esas son las que portaban los asaltantes cuando entraron en la habitación.

-         ¿Qué ha desaparecido?

-         Pues no mucho. Todos esos estantes estaban con cachivaches de plata y tres bandejas de plata y un abrecartas del mismo material. La condesa dice que igual la muerte de su marido les asusto un poco dejando todo lo de valor aquí.

-         Si, eso puede ser… pero ¿no se echaron unos tragos de vino?

-         Para tranquilizarse

-         ¿han tocado la botella y los vasos?

-         No esta todo como yo lo encontré.

-         Perfecto, perfecto. Voy a echar una ojeada.

Los tres vasos estaban encima de la mesa al lado de un vino de una buena marca. Los tres vasos tenían aun restos de vino. En uno de ellos había posos.

La cara Latorre se volvió acerada. Sus ojos se entrecerraron. Y su poderosa mandíbula se apretaba una y otra vez. Su maquinaria pensante ya estaba a pleno rendimiento. Algo le había llamado la atención. Cogio en corcho y lo examino durante unos buenos minutos. El corcho aparecía impregnado en vino dado que ejemplar era un buen reserva.

-         ¿Cómo han descorchado la botella? A si ya veo. En ese cajón medio abierto tendrá que haber un buen sacacorchos  ¿no es así?

-         Si sr. Latorre. Me sigue usted asombrando.

-         ¿Le dijo la Condesa si usaron este sacacorchos?

-         No recuerde que estaba desmayada.

-         Cierto, cierto… pero este no es el sacacorchos.

-         ¿Cómo dice Ud?

-         Que no es el sacacorchos. Fíjese en la botella y en el corcho. Esta botella ha sido abierta con un pequeño sacacorchos como el que tienen las navajas multiusos, ve aquí, aquí y aquí, intentaron por tres veces descorchar la botella, pero al ser un sacacorchos corto,  se les escapaba, ya que el corcho esta muy maduro, casi podrido. Si se hubiese sacado con eses sacacorchos, lo habrían sacado de un solo estocazo…. Pero lo que me intriga de verdad son esos tres vasos. La condesa a dicho que vio bebiendo a los tres ¿me equivoco?

-         No Sr. Latorre, en eso fue categórica.

-         Pues no hablemos más de eso. Pero…

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