- ¿pero qué? Pregunto Camarero.
- Esos vasos…
- ¿Qué le pasa a los vasos?
- ¿Cómo usted no ve nada extraño?
- Pues…
- Nada, nada dejémoslo correr. El cerebro mío carbura demasiado deprisa intentando buscar alguna solución para idioteces algunas veces… esta puede ser una de ellas. Esto de los vasos debe ser pura casualidad. Por lo que veo Camarero usted ya tiene a sus sospechosos, bueno, a sus culpables por lo que mi estancia aquí sobra. Corvinos, vayámonos a aprovechar lo que queda del día.
En el trayecto hasta la estación Latorre estuvo ensimismado en sus pensamientos, con lo que casi no me dirigió la palabra. Conociendo como conocí a Latorre, veía su rostro acerado y su brillante mirada como que algo no le cuadraba, pero sabía que en ese estado era mejor no interrumpir su maquinaria pensante.
Ya en el tren seguía ensimismado, hasta que, como si despertara de un sueño, me comento:
- Corvinos, le pareceré un loco, pero me parece una locura dejar este misterioso caso tal y como dice Camarero. Llámeme loco si quiere, pero por muchas vueltas que le doy no me cuadra en absoluto. Si ya se que la honorable Señora y su criada no han dejado lugar a dudas… pero hay algo que me huele a podrido.
- ¿Los vasos?
- ¡Exactamente! Los vasos. Ya sabe usted que a mi me gusta empezar una investigación por mis propios medios, no que me den una caso casi, no, yá resuelto. Yo, hubiese empezado por los vasos, cosa que Camarero, los ha dejado casi de lado. Yo hubiese actuado así, y ahora borre de su mente todo lo dicho anteriormente por la señora, su criada, y Camarero. ¿De acuerdo? Bien ahí va.
Los Ladrones han actuado hace dos semanas a poca distancia, y según los tabloides y la policía se apropiaron de un gran botín, y de cómo esa cuadrilla actuaba dejando claras pistas por si alguien quisiera usar esta información como un plan. La mayoría de los ladrones, incluyendo a estos, cuando dan un buen golpe se retiran durante un tiempo por dos cosas: una que se calme toda la investigación y otra disfrutar de paz y sosiego mientras planean el próximo movimiento, no se arriesgan a dar otro golpe y menos tan poco provechoso como este, dejando una grañidísima cantidad de objetos valiosos a su alcance y con un asesinato a sumar a sus ya numerosos delitos.
La cuadrilla es por así decirlo, profesional. ¿Qué asaltador profesional entra en la casa y le da un puñetazo a la inquilina para que no grite, cuando lo más seguro es que grite por el puñetazo y no por el susto? Y por último no es corriente que gente como esta descorchen un Excelente vino y no se lo terminen o no se la lleven ¿me sigue usted Corvinos? ¿Qué impresiones saca Ud de todo esto?
- Pues la verdad que visto así, impresiona un poco, pero desgranando como la ha hecho todo parece factible. Lo que no ha comentado usted es que la señora fue atada en la silla.
- Mire Corvinos; lo de atar a la señora, me parece que solo tenían dos opciones, o la mataban, como al Conde, o la inmovilizaban. Para que no diese la alarma cuando hubiesen terminado de consumar el robo. Pero esta los de los vasos.
- Dígame ya, por Dios, que barrunta usted con los dichosos vasos de vino.
- Nos dijeron que bebieron tres hombres en ellos ¿le parece a Ud verosímil?
- Claro ¿Por qué no? Había resto de vino en los tres vasos.
- ¡Exactamente! Pero solo en uno de ellos había posos de vino ¿lo recuerda?
- Pues que seria el último vaso el que tenga el poso.
- No, la botella lo tenía en abundancia como yo me fije. Y es imposible que los dos primeros vasos aparezcan limpios de posos y solamente el último tenga poso y bastante. He llegado a la conclusión que solo hay dos opciones para eso; una es que una vez lleno los dos vasos, para fastidiar al tercero, agitaran violentamente la botella, cosa poco probable, ¿no cree?
- Y entonces ¿Qué es lo que cree?
- Que solo fueron utilizados dos vasos. Y que los posos de ambos fueron vertidos en el tercer vaso. Para dar credibilidad a la engañifa de que fueron tres personas las que había en la habitación. En ese caso ¿Dónde se encontraría el poso? ¡Exactamente! En el último vaso. Y aquí es donde viene lo bueno por que si tal y como yo sostengo, solo se usaron dos vasos, eso quiere decir Sr. Corvinos que…
- ¡La doncella y
- Excelente, Corvinos, excelente- dijo riendo por lo bajini- y que del relato que nos han contado la señora y su doncella no debemos creernos nada en absoluto. No debemos creer nada de lo que esas señoras digan, deben tener una razón poderosísima para urdir un plan tan bien expuesto y ocultar al verdadero criminal. Nosotros tenemos que empezar con este cabo para desenmarañar el ovillo que esta un poco enredado. Camarero ira por su lado y nosotros por el nuestro. ¿esta conmigo Corvinos?
- Hasta el Infinito y más allá.
Cuando los habitantes de
Tuvimos suerte ya que, Camarero no se encontraba en la casa puesto que fue ha a informar a sus superiores de cómo iba el caso.
Latorre y yo fuimos directamente al salón donde ocurrieron los hechos. Todo estaba tal y como nosotros lo dejamos exceptuando, claro, el cadáver de Sr. Llamazares, que no estaba y en su lugar se veía un perfil de una figura humana en el suelo pintado con tiza blanca.
Latorre cerro con llave y acto seguido se puso a investigar a sus anchas. Yo me acomode en un confortable sillón orejero y me dispuse a ver, como otras tantas veces, el trabajo concienzudo de mi amigo.
Observo la ventana, la silla, el cordón de la silla, la alfombra con la mancha de sangre aun fresca, las cortinas… en fin todo lo que estaba en la habitación fue escudriñado por el ojo y la mente rápida y deductiva de mi querido Latorre.
De pronto dio un ágil salto y se encaramo a la repisa de la chimenea y observó, durante unos minutos, el trozo de cordón que quedo en el techo agarrado aun al alambre. Lo miró y requtemiró con detenimiento y yo vi que casi se le iluminaba la cara. Aun hizo el movimiento de intentar agarrar el trozo pero se quedaba a escasos centímetros del cordón. Luego salto al suelo con una pequeña sonrisa de satisfacción en la cara.
- Todo esta bien, Corvinos, muy bien diría yo. Nuestra cadena de acontecimientos esta casi con todos los eslabones perfectamente colocados. ¡Ah, si hubiese hecho caso a Camarero! Vaya torpeza hubiésemos conseguido.
- ¿Ya dio con los hombres? –dijo yo incorporándome casi de un salto-
- Con el HOMBRE, Corvinos, y extraordinario por cierto.
- ¿Cómo que Extraordinario?
- Pues sí. Si no, fíjese en el hurgón, esta doblado del impacto, o sea, que debe tener una fuerza descomunal. Rondara entre el metro ochenta y cinco y el metro noventa. También será ágil y diestro con el empleo de los dedos. Y, ahora lo más destacable, tiene una inteligencia superior como demuestra que, creo, fue el a quien se le ocurrió todo este teatro. Pero, como siempre le digo, siempre hay alguien más listo que tu ¿no es así? Se le pasó por alto el cordón, y no contaba con que me llamaran.
- ¿Dónde estaba la pista para poder deducir todo esto?
- ¡Bah! Cuando se lo explique desaparecerá todo el misterio. Bueno, bueno no se impaciente querido amigo. Contésteme a esta pregunta ¿si usted hubiese sido el asesino y fuera a dar un tirón para arrancar el cordón de la campanilla por dónde se hubiese roto?
- En la unión con el alambre –conteste yo-
- Efectivamente, pero ¿Por qué se ha roto a unos siete centímetros del alambre?
- Por que estaría deshilachado.
- Muy bien, como vemos en el cordón con que ataron a
- Ahora, querido Corvinos, fíjese en la mancha de la silla, en el asiento. ¿Qué cree que es?
- Sangre, sin ninguna duda.
- Y ¿no le dice nada?
- Pues…
- Con esto se desbarata el relato, el cuento de la señora. ¿Cómo va a haber una mancha si estaba la señora atada y sentada en la misma?
- Entonces se tuvo que sentar después del golpe en la cabeza a su marido.
- Exactamente, y su vestido negro tendrá que llevar una mancha como esta de la silla. Tendremos que volver a molestar a la doncella antes de dejar ver nuestras cartas ¿no opina Ud. igual?
- Por supuesto que sí- respondí con una cara llena de asombro y veneración-
La criada se presento ante nosotros con el rostro que dibujaba resquemos hacia nosotros.
La doncella era una mujer de piel oscura pero radiante. Unos ojos negros y grandes que acompañaban unas pestañas de tigresa. Sus rasgos redondeados y sus sobrantes carnes hacían que pasara desapercibido el detalle que de cara era una señora muy bien agraciada.
Al principio de la entrevista contestaba únicamente con monosílabos, pero Latorre, cuando quería era capaz de ser un autentico Don Juan. Viendo como vió que la doncella no quería contarle nada nuevo, desplegó durante bastantes minutos una andanada de cumplidos y pequeños chascarrillos hasta que se gano la confianza de la doncella.
Al cuarto de hora la doncella ya no ocultaba su odio hacia su difunto señor.
- Si señor, varias veces me había puesto la mano encima. De normal, cara afuera, era un respetable y rico señor con títulos nobiliarios. Dentro de la casa era un demonio. Cuando bebía, y lo hacia constantemente, se volvía en una persona dura, áspera, maleducada, y violenta. Las veces que me pegó fue siempre por defender a mi Señora, a la que quiero más que a mi vida, pues la conozco desde casi nació. A mi no me importaba recibir si con ello evitaba que pegara a mi querida señora.
- ¿Le comento la señora las rozaduras del brazo que portaba hoy’
- No, no me comento nada, pero no me extrañaría en absoluto que hubiese sido esa bestia de hombre. Lo que pasa es que la señora es muy orgullosa, y antes de aceptar que su marido borracho la maltrataba, se hubiese dejado ahogar, sobre todo por los amigos del Sr. que son todos muy parecidos y no veían con buenos ojos que una mujer de ultramar viniese a una de las casas más antiguas de España.
Cuando conocimos al Sr. era todo mieles, engatuso y engaño a mi pobre señora hasta que la convenció que viniese para la madre patria. Para vivir aquí una vida plena decía. Plena de horror y de disgustos. Pues en cuanto llegamos a España el señor empezó a ser muchísimo más severo con todos y se volvió un ser despreciable.
- ¿Fue el primer viaje de la señora a España?
- Si era el primero que hizo. Vino engatusada con el título, y el ser grande de España.
- ¿Vinieron directos o hicieron alguna escala en el mar?
- No vinimos directos en una Goleta a vapor.
No hubo terminado casi de contestar cuando en el umbral de la puerta vimos la estilizada e imponente figura de la señora de la casa. Rápidamente la doncella nos dió la espalda y fue junto a su señora que seguía un poco fatigada por los sucesos.
- No creo Sr. Latorre que hayan venido a hacerme más insoportables preguntas ¿verdad?
- No señora. Creo que me tiene usted por lo que no soy. Se que usted a sufrido mucho durante mucho tiempo. Le ruego a usted que se muestre confiada conmigo yo sabré devolverle esa confianza sin ninguna duda.
- No entiendo Sr. Latorre, ¿Qué quiere que haga yo?
- Solo una cosa.-dijo esbozando una sonrisa lo más cariñosa que le he visto yo en la vida- Que me diga usted
- ¡SEÑOR LATORRE!- exclamó con un deje señorial que impresionaba a todos menos a Latorre, claro-
- Vamos, vamos Sra. Llamazares, cuénteme la verdad
- ¿Qué verdad Sr.?
- No se si usted sabe, ya que lleva poco tiempo en España, que yo, como decirlo, gozo de una reputación ganada ya en mis años de extraños casos. Pues bien, mire lo que le digo. Estoy dispuesto a jugármela entera en que el relato pormenorizado que usted y su doncella nos hicieron es todo una FALSEDAD.
Tanto la doncella como
- Sr., Latorre, es usted un maleducado diciendo estas cosas a mi joven señora. Y más hoy después de lo ocurrido esta noche.
- Sigo esperando…
- ¿Qué quiere decir? ¿Qué mi señora le ha contado un cuento, un engaño?-decía la doncella que la palidez de su rostro había desaparecido y unas manchas rojizas estaban ahora alojadas en las mejillas-
- ¿No tiene nada usted que decirme?-pregunto Latorre mientras hacia un ademán de levantarse-
- Ya le he contado todo lo que paso esta noche- dijo la señora.-
- Por última vez Sra. ¿no tiene nada nuevo que decirme?
- Ya le he contado todo lo que sé – yo me fije que unas pequeñas perlas de sudor le bajaban por las sienes.
- Lo siento por Ud.-dijo Latorre levantándose y dirigiéndose a la puerta-
Saliendo por la puerta principal se descubría ante nosotros el gran jardín en todo su esplendor iluminado por el sol frío de invierno de ese día. En la derecha vimos un hermoso estanque rodeado de un parterre, ahora desnudo. En estanque, helado menos en el centro, le llamó la atención a mi amigo que se acerco a curiosear y cuando se satisfizo me alcanzo con grandes zancadas cerca ya de la salida de la finca.
En la puerta se encontraba un Guardia Civil esperando; tal y como le ordeno Camarero. Latorre escribió una nota y se la entrego con orden de que se la diese al Sr. Camarero nada más que le viera.
Nosotros nos encaminamos hacia la estación de tren.
- ¿Hacia a donde vamos Latorre?
- Aquí hemos terminado de momento- me dijo- Volvemos a la capital a las oficinas de
- ¿Para qué quiere ud. ir allí?
- De momento no se lo voy a decir… solo le digo que si allí no encontramos lo que busco, tendremos que ir a otras dos líneas más que tienen sus oficinas centrales en Madrid.
- No entiendo que…
El viaje se hizo monótono, pues en el trayecto Latorre, se dedico a estirar sus piernas, juntar las manos sobre el pecho y bajarse el sombrero hasta taparse los ojos. No abrió la boca en todo el trayecto. Yo observaba como los árboles desnudos pasaban ante mí a una gran velocidad.
Llegamos a
En poco más de veinte minutos, Latorre ya tenía toda la información que quería. En el año 1932 solo dos grandes buques habían venido de Chile hacia España. “El Montenegro” –así se llamaba el Vapor- fue el barco en el que
Latorre le pregunto que si la tripulación que navegaba en el era la misma que cuando llego.
- Si. Son la misma tripulación a excepción del Segundo de Abordo, D. José Maria Lasierra de Loscos. Ya que ha ascendido a Capitán y se hará cargo del nuevo buque de
- No, no le diga usted nada de esta entrevista, por favor. Pero me gustaría que me facilitase su hoja de servicios, si es posible.
- Por supuesto Sr. Latorre. – y le dio una carpeta llena de papeles que Latorre los leyó atentamente.
- ¡Vaya! Este capitán Lasierra, es un marinero de los que ya no quedan por lo que veo. Cumplidor con su deber, Honesto en el trabajo y con sus subordinados, estudio en Salamanca y luego en Cádiz… Sopla, ¿Qué tenemos aquí? Es leal y honrado pero se ve también que fuera de su trabajo es un poco irascible y se exalta con facilidad… Interesante.
Garabateo unas cuantas palabras en su bloc de notas y devolvió la carpeta a su dueño. Después de saludarnos y despedirnos salimos en dirección a casa ya que estábamos cansados del día tan ajetreados que llevábamos. En el Taxi, Latorre no pronuncio palabra. Se le vía, bueno yo veía, que estaba su cabeza funcionando como un reloj suizo por sus expresiones faciales
Cuando llegamos a nuestras habitaciones y colgamos nuestros abrigos, ya sentados delante de
- No, no y no. Esto es más fuerte que yo. Una vez dado el auto de procesamiento ya nada ni nadie podría salvar a ese hombre. Una o dos veces en mi carrera me he arrepentido de descubrir al culpable y entregarlo a
- ¿QUÉ ME DICE? Sr. Latorre.
- ¡Uy! Perdone Corvinos, pero es que, eso que una o dos veces he hecho más daño descubriendo al criminal que no haciéndolo. Luego
- ¿Eso quiere decir que ya lo tiene?
- Más o menos.
En ese instante cerca ya de las nueve y media de la noche se presento en nuestra casa el Sr. Camarero un poco alterado.
- Sr. Latorre, usted es brujo. Y si no es brujo cerca le anda. ¿Cómo es posible que supiese donde estaba
- No lo sabía.
- Pero en su nota me “recomendaba” que registrase el estanque
- Y ¿encontró
- Si la encontré. No falta nada.
- Me alegro haberle podido ayudar sr. Camarero.
- Pero no me ha ayudado- dijo esto dejándose caer en el sofá con las manos en la cabeza- ¿Qué ladrones entran a robar en una casa, atan a la señora y matan al marido y luego tiran lo que han robado?
- Si que es raro, sí –apostillé- igual se asustaron y tiraron la plata al estanque para poder huir más velozmente.
- Si lo que dice usted, puede ser. –dijo Latorre- Al salir vieron el agujero y decidieron ocultar allí la plata para, quizá, volver otro día a buscarla.
- Si, ahora lo veo -dijo Camarero- claro la ocultaron porque si les veían por los caminos con esa plata en sus manos seguramente hubiese caído en nuestras manos. y dejándola a buen recaudo en el estanque nadie hubiese imaginado que allí estaban los objetos robados. Esto suena bien, si señor, suena bien.
- Tengo que reconocer que esa en una buena teoría, y tengo que reconocer que en este caso Usted Sr. Camarero me ha ganado por la mano.
Camarero se hincho como un globo. Mientras yo miraba perplejo a Latorre. ¿Había dicho lo que yo había escuchado? ¿Reconocía que había perdido? Me tenía alucinado.

