- Pero no crea que “he ganado”- dijo Camarero, a la pandilla de los Casado los han detenido en Lisboa cuando estaba a punto de coger u vapor para Brasil.
- ¡Vaya! Eso si que es un contratiempo importante para sus pesquisas. Entonces, si no fueron los casado ¿Quiénes fueron Sr. Casado?
- No lo sé. Aunque como Ud. sabrá no solo existe una cuadrilla que se dedica a asaltar casas. Supongo que será alguna de las que ya tenemos constancia, y si no será una cuadrilla nueva. Salen como setas en otoño desde un tiempo a esta parte.
- También puede ser, Sr. Camarero, también.
- Bueno pues sin más me voy. Tengo que llegar a la comisaría. He pedido uno telégrafos. Voy a ver si tengo respuesta. Si no le molesta Sr. Latorre, ¿podría darme alguna pista sobre lo que usted piensa?
- Ya se la di- dijo mi amigo estirándose todo lo largo que era para acercar sus pies a la chimenea- que es todo una falsedad.
- Sr. Latorre, seamos serios por favor. Si lo que dice usted es verdad, ¿con que motivo se hace el engaño?
- Eso no lo sé… aun.
Después de una cena majestuosa, digna de un rey, nos sentamos en la salita a tomar- yo un chinchón y Latorre un Oporto- y hablar sobre cosas banales, aunque mi compañero no daba mucho pie para entablar conversación. Seguía estirando sus pies al fuego de la chimenea, y se quedaba absorto otros momentos. Yo intentaba poner algo de mi parte para sacarle algo.
- si, querido Corvinos, tengo algo en mente –dijo de pronto como si leyese el pensamiento.-
- y ¿Qué es lo que tiene?
- Espero Noticias de un momento a otro.
- ¿a estas horas?
- Si.
- Pues si no le importa, le diré que me pareció un poco arrogante y malintencionado la forma en que trato usted a Camarero.
- Vamos, vamos Corvinos, hace tiempo que me conoce y creo que nunca le he dado pie para que desconfíe. ¿Qué no le he dado todo lo que sé? Pues si.
- ¿y eso?
- Mire –dijo recogiéndose y sentándose apoyando la espalda en el sillón- lo que yo sé es extraoficial, y lo que sabe Camarero es oficial. ¿me explico? Yo puedo juzgar por mi mismo, cosa que el no puede por ser el investigador oficial y tener superiores a los que debe informar. Aparte, si yo le digo todo el sueldo que se gana, tendría que ser para mi ¿no cree? –dijo esto último con una sonrisa en los labios-.
- Y ¿Cuándo espera usted las noticias?
- Ya, mismo ¿no ha oído el timbre?
- Si, y oigo los pasos subiendo la escalera…
La puerta se abrió y se vio en ella dibujada la figura de
- Tome asiento Sr. Lasierra recibió usted mi telegrama por lo que veo.
- Si señor, Recibí su telegrama, y aquí estoy a la hora que me indicaba.- eran la diez y media de la noche- Me he enterado de que ha estado en
- Tranquilícese, y tome una copa de este oporto que esta realmente bueno. Mire señor Lasierra, si yo creyese por un solo momento, que usted es un criminal, no estaría sentado allí tan tranquilo eso seguro. Ahora le ruego que se tranquilice y me responda a las preguntas que voy a efectuar. ¡Ah! Y le digo que no me podrá engañar. Al primer atisbo de mentira le entrego a la policía.
El gigantón se bebió de un sorbo el vino que le habíamos servido, y empezó a mordisquear un cigarro que llegaba en la boca.
- ¿Qué quiere que le diga Sr. Latorre?
- La verdad, únicamente
- Esta bien. Ya me da lo mismo. Acataré lo que ud decida. Y también le digo que me da igual lo que me depare el futuro. Volvería a hacer lo que hice sin ningún género de dudas. Cuando pienso en la pobre señora, Elisa Campoviejo, me negare siempre a llamarla Sra. Llamazares, se me derrite el alma. Bueno les cuento- suspiro, dio una larga calada a su cigarro, y empezó a contar los hechos-.
Supongo que ustedes sabrán que a
- ¿Se le declaró usted? –intervino Latorre-
- No, no lo hice, su doncella me comento que venia a España a Casarse con el Sr. Llamazares, y como usted comprenderá al oír ese nombre, vi. que mi empresa era imposible.
- Siga, siga.
- Bueno, la sra. Me trató como nadie en mi vida me ha tratado. Con dulzura, con cariño y amistad. Y la trate como un enamorado trata a su enamorada. ¿Cómo se iba a fijar en mí si en España la esperaban títulos, riquezas, joyas, alta sociedad? Y yo ¿Qué podía ofrecerle? Si mi amor incondicional pero un marinero sin más. Ella ha nacido para lo bello y lo mejor de esta cloaca que es el mundo. Y yo no podía proporcionárselo. Me alegré por ella, pero no evito que intimáramos en el viaje como dos grandes amigos. Como sabrán me ascendieron a capitán y el barco no estaba preparado para hacerse a la mar y por suerte me quede hospedado en Madrid. Un día caminando distraídamente por
La doncella acudió rauda al oír los gritos de él y ella y cuando se presento ya todo estaba finalizado. Descorche una botella de vino y le hice beber a
Y eso Sr. Latorre es lo que sucedió, aunque me vaya el garrote vil. Esto es lo que pasó.
Latorre se quedo pensando, como si durmiese, y de pronto se levanto y fue hacia el hombretón dándole la mano.
- Aquí tiene usted lo que pienso. Creo que me ha dicho totalmente la verdad. Apenas ha dicho algo que yo no supiese. Nadie podría haber hecho los nudos que mantenían a la señora atada si este no era un marino. Solo una vez la señora había estado en contacto con marinos, y fue en su travesía por el Atlántico, y tendría que ser alguien de su escala social, más o menos, una señora como ella no se dirigiría a los carboneros, por ejemplo. Y también demuestra dos cosas una que la señora no quería delatarlo y la otra, consecuencia de esta, es que sentía amor por usted. Ya ve que fácil ha sido cogerle a usted en cuanto he dado con la pista correcta.
- Creí que la policía no daría nunca con los hechos verdaderos.
- Je, Je, y aun no lo ha hecho. Ni lo conseguirán, espero. Y ahora señor Lasierra, comprenderá usted que esto es un tema grave de verdad. Así, que si usted quiere, puedo dejarle un día de ventaja para escabullirse de
- Y al cabo de ese tiempo… ¿se hará todo público?
- Si por supuesto, ya sabe la calaña de los Tabloides.
- Y ¿QUIERE QUE ME VAYA Y PUEDAN CULPAR A
- Je, je, Tranquilo hombre de Dios, esta era mi última prueba para ver si realmente todo los sentimientos que ha contado usted eran reales y veo que sí.
- y ¿Qué hacemos?
- Yo al Sr. Camarero, le di mi opinión y la pista, que no ha querido seguir. Es harto improbable que consiga desentrañar el misterio si siguen actuando así.
Vamos a ver, Usted Lasierra es el reo, usted querido Corvinos es el Jurado. Y yo como nadie queda seré el juez…. Ejem, señores de Jurado ya han escuchado todo el caso. ¿Cómo declaran al reo Culpable o No Culpable?
- No culpable –Continué intentando hacer dignamente el papel que Latorre me había dado-
- Bien, el Jurado ha hablado. Mientras
- Gracias Sr. Latorre. Muchísimas gracias.
Y Así termino el caso de
Este también fue el único caso donde mi amigo “perdono” a un “culpable”. Mucho más adelante, cuando Latorre ya se había retirado, me entere de

